Cristina y Víctor



cristina villar y sergio iglesiasEl día de la madre me hizo reflexionar en la familia. Y ello me llevó a pensar en esas madres con nietos y bisnietos, los pilares de nuestras familias. Los efectos del paso del tiempo no pasan en balde y ahora son ellas las que necesitan de alguien que las cuide, que se ocupe de ellas. Por desgracia, no siempre los familiares tenemos tiempo.  Así  que fui  a un Centro de día, en busca de esas personas   a quienes   cedemos el cuidado de nuestros seres queridos,  con el objetivo de tener la tranquilidad de que los dejamos en buenas manos. Visitamos Akarona’m  (significa algo parecido a abrázame con ternura), una residencia de día.

Me reciben Cristina y Víctor. Una mirada, un gesto y una sincera sonrisa, me transmiten calor humano y  bondad, un buen recibimiento que me inspira confianza.

¿Cómo definiríais vuestro  centro de día?

Un lugar donde ancianos, que hasta sus familiares daban por perdidos, se sienten integrados. Comparten historias, conversan, hacen juegos, actividades. Un lugar donde quieren estar, porque en él no están solos, forman

parte de un grupo.

¿Qué diferencia habría con un centro Cívico?

Los abuelos que vienen aquí, desgraciadamente para ellos y sus familiares, ya no tienen plenas capacidades mentales. Aquí les damos horarios, rutinas. Controlamos su salud mediante nuestro centro médico. Nos aseguramos de que comen. Nos preocupamos por ellos. Son como niños pequeños y les cuidamos, les damos las atenciones que damos a los niños en una guardería. Ninguno de nosotros dejaría 10 horas diarias a un niño de tres años solo


¿Qué es lo que más les gusta de éste trabajo?
en casa.  Es inhumano hacerlo con nuestros padres. Un centro de día es una buena solución para estas familias que siguen queriendo tener a los abuelos en casa pero que no pueden estar en ella durante el día por motivos laborales.

Cada día vuelvo a casa satisfecha con una sonrisa (cuenta Cristina). Les das amor y te lo devuelven con el doble de intensidad. Valoran una sonrisa, un abrazo, que escuches todas esas historias de las que tanto se puede aprender. Sin duda es lo que más me gusta de mi trabajo. Además de poder hacer algo útil, de ayudar a los demás.

¿Y lo más duro de su trabajo?

Si alguno se vuelve agresivo. A veces se da esa circunstancia. Pero aquí tiene cabida todo el mundo y ayudamos en su reeducación y mejoría. Inclusive estas actitudes, que muchas veces sorprenden hasta a sus propios familiares, ya que dicen, que antes no eran así.

¿Cuénteme ejemplos de mejoría?

Algún caso de Alzheimer muy avanzado, que ahora me reconoce. Me dice que soy del colegio, muchos lo llaman así. Otro que iba en silla de ruedas porque no se veía con fuerzas de andar, y ya no la utiliza. Son dos de muchos más casos, según nos cuenta Víctor.

¿Qué les llevó a abrir un centro día?

En mi caso, (dice Cristina) llevaba 36 años trabajando de enfermera, 20 en geriátricos y tras discrepancias con la nueva dirección del centro donde trabajaba, me fui y quise seguir con mi profesión, esta vez aplicando mis criterios. Mi madre (me cuenta Víctor) un chico de 24 años, conocía a Cristina, al haber trabajado juntas. Me propuso asociarnos y no me lo pensé. Siempre he sentido un vínculo con esta profesión. Así que hace un año que tenemos el centro abierto.

¿Qué os diferencia de la competencia?

No generalizaré porque hay de todo, desgraciadamente hay de todo-matiza-. Aquí son personas,  no números. No vemos esto como un negocio. Es evidente que cobramos, porqué supone muchos gastos mantenerlo abierto, pero no lo vemos como un negocio. De hecho, no podemos aceptar a más de 25 abuelos. Tener más supondría no darles la atención que merecen y que nos gusta darles.

¿Habrá Akarona’m por muchos años?

Esperemos.

Yo también lo espero. Muchas gracias por su tiempo

Me despido y cruzo la sala, viendo a ancianos de edad indefinida, algunos hablando, otros haciendo manualidades. ¡Son como niños!, contentos y entretenidos. Sólo que esta vez serán sus hijos quienes vendrán a buscarles cuando sea la hora de ir a casa. Roles invertidos. El ciclo de la vida. Cuanta historia habrán vivido. Cuantas historias habrán escuchado Víctor y Cristina, esperamos volver para que nos cuenten algunas.

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